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Mirándome

Introducción:

Esta porción inicia con los sucesos que envolvieron a la vida de Yosef. Momentos llenos de intensidad, de dolor, de confusión y traición. Pero ante todo, Yosef se mantiene firme, siempre dispuesto a comenzar una y otra vez.

Existe un sinfín de comentarios sobre estos sucesos, donde la práctica de la justicia adorna la vida de Yosef.
También encontramos la práctica de la administración y se encuentra a plena luz, regalando lecciones que aprender y poner en práctica en la vida diaria.
En lo personal, me llamó la atención los comentarios sobre el siguiente pasuk [versículo]:
Bereshit / Génesis 39:6 Y dejó todo lo que tenía en la mano de Yosef, ni con él sabía nada más que del pan que comía: y Yosef era de hermoso semblante, y bello de vista.

Rashi, de bendita memoria, comenta que al ver Yosef que todo le salía bien, se empezó a embellecer viéndose al espejo y arreglándose el cabello.

Es interesante ver este pasaje, donde todo a su alrededor está lleno de problemas y de grandes decisiones. Es más, Yosef se gana un título, por el cual es conocido: “Yosef el Tzadik”.

A partir de este momento, un pensamiento rondaba: ¿Quién no se ha visto a un espejo?
¿Quién no se ha arreglado con dedicación el cabello? Quizá pocos no estén de acuerdo, respeto su derecho.

Este ritual de arreglarse no tiene de ver con una belleza estándar, es un momento de quererse a uno mismo, es de verse detenidamente y aceptarse. De sentirse bien, muy bien.

A continuación, quiero compartirles un pensamiento, o más bien un sentimiento, el cual redacte.
Quiero pedirles un favor, que lo vean con ojos románticos, no quiero establecer nada, no intento sustentar nada. Solo quiero darles un fragmento de mis sentimientos, el cual me hizo el favor de encontrar un sentido a la belleza del ser humano. De entender mis preguntas, las cuales a veces no tienen respuesta.

Un espacio se abrió en mi sentido racional, algo quizás incongruente,
Sin embargo así fue, un espacio que generó un sentir que se revuelve entre lo que es posible y de lo que no.
Solo lo veo entre los rincones oscuros de mi interior,
No importa que tenga los ojos abiertos, hoy no necesito cerrarlos, ni respirar profundo, ni que mi palpitar este acelerado. Solo sé que lo veo.

Por ese camino de la vista, se encamina un sentimiento. Una historia, un momento que está grabado entre los tiempos humanos y los celestiales.
Un tono oscuro se deja presentar entre el desarrollo de esta historia, el cual esta aterciopelado de manera transparente por el agua.
La cual tiene una frecuencia que no necesariamente se requiere tener oídos humanos para escucharlo.

Diría yo en mi poca capacidad de comprensión, que da pautas. Pero más aún, tiene un aroma que llena suavemente de descanso, que sustenta. Nada en este momento genera necesidad.

De esa oscuridad, el agua toma obediencia y separa una porción. La convierte en una circunferencia.
Tomando consistencia aceitosa, su consistencia se debe a que han llegado a ella, a esa agua; elementos, regalos que serán impregnados.
Pareciera que logro detectar un olor de perfume, de aquellos que entran por la nariz y lo comprende el alma. Esto se convierte un suspiro, que se queda en cada rincón de todo lo que logro ver o entender.

De manera lenta por la suavidad, la precisión, por el poder de la creación, se deja ver que algo se va formando.
De repente, el agua con su consistencia, pareciera tomar forma de unas bellas manos.
Y nace el realismo, como un intento de quiebra, de todo esto que logro ver. Pero algo me defiende y lo convierte en una pregunta: ¿Dónde estoy?

Una respuesta rompe con el intento de quiebra: ¡En los shamáim! En aquellos que la creación salió.

La respuesta me permite seguir viendo ese momento, ya el agua ha construido un cuerpo humano.
Me acerco con pasos del pensamiento nunca físicos, el agua empieza emitir luz, aroma, aire frío que mueve mis cabellos.
No necesito enfocar, veo claro es impresionante. La delicadeza de ese cuerpo, su espalda es perfecta.
Sigo sin prisa, ni ansiedad observando. Hasta que me acerco a su rostro.

Cada instante que domino el espacio de su rostro, pareciera que pasan con lentitud. Pero sin necesitar más velocidad, todo esto ofrece claridad, precisión, definición que pareciera que estoy adentro del agua, casi palpando sin tocar.

No hay necesidad, este momento me sabe a encuentro, a origen, a casa, a mi alma. Ya estoy frente a su rostro, la sorpresa no tiene sentido ¡Soy yo!

En ese momento, el sentido de hermosura que tenía como concepto, está demasiado lejos.
La belleza no es por lo creado, es por Quien lo creo. Está sumergido en la belleza de los cielos, del poder del Creador. Su parecer es como una joya única, de edición especial.
De repente, pareciera que su proceder fuera el moverse, el abandonar el lugar.

El agua se fragmenta en colores intensos y suaves. Cada uno tiene nombre, valentía, cobardía, tristeza, alegría, decisión, indecisión. Estos son algunos de los nombres que logro leer.
Pero uno no tiene tono suave, está solo ese color intenso. Logro leerlo. No lo entiendo, pero solo sé que ese, solo funcionará cuando se vaya de aquí.

De repente soy movido a un plano más lejano, pero sin perder de vista ese momento y como una gran gota, preciosa, se deja caer. Brilla con profundidad sin lastimar.
No logro ver a donde cae. Alzo la vista de donde partió y logro ver a muchas gotas más, con seres humanos, entiendo que la tierra, el planeta no está.

Así que empiezan a caer una tras otra, la caída no está en los límites del tiempo que conozco. Seguro estoy que llegará cada una a su destino. Entrarán en los tiempos de la creación. Se guardarán en un lugar oscuro con agua, en un vientre por el tiempo necesario. Su llegada al vientre será lento, verdaderamente lento.

El agua recordará cómo construir, dejará fluir lo que antes de los tiempos fue.
Solo algo será diferente, la impresionante belleza que lo envolvía se ocultara en su interior. Ya no la verá del todo, pero eso si la sentirá, aunque el espejo no esté de acuerdo.

Como quisiera quedarme con esta capacidad, de lograr ver esa belleza en todos los seres humanos para amarlos. Para tener misericordia sin dejar la justicia de lado, de ayudarlos a buscar esa belleza, de transformar su vida.

Cierro mis ojos, aún recuerdo ese momento que veo mi rostro en el agua. Siento como me alejo, pero a la vez se engrandece la gota, se vuelve una gota hermosa, grande, inmensa. Pareciera un gran ojo y quedo viendo el centro y oigo decir: ¡Tú eres la niña de Mis ojos!

Shabat Shalom!

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Sobre Roé Yoel Martinez

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