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La maldición, blasfemia, Yehudáh y Yehoshua

Introducción

La lectura semanal nos dará oportunidad de hilar: la maldición, la blasfemia, Yehudah [Judas] y por último a Yehoshua’, ¿es extraño?, tal vez, pero no queda duda que resultará interesante considerar echarle un vistazo a lo que las Escrituras nos enseñan al respecto de la maldición y la blasfemia, y usaremos para tal efecto un caso que resultó ejemplar, porque se empleó la lapidación para un varón que incurrió en ambas faltas.
La maldición nos llevará a Yehudah y la blasfemia a Yehoshua’, por lo que nos serviremos de ello para abordar la razón por la que el Sanhedrín decidió quitarle la vida a Mashiaj [Mesías], siendo un actor fundamental precisamente Yehudah. Así que abordemos a: La maldición, blasfemia, Yehudah y Yehoshua’.
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Enseñanza

Al final de esta Perashah, después de varias instrucciones de parte del Eterno, nos encontramos con un episodio que resulta interesante ver, por lo que les invito a que lo leamos:
Vaikra 24:10-16 En aquel tiempo el hijo de una mujer israelita, el cual era hijo de un egipcio, salió entre los hijos de Israel; y el hijo de la israelita y un hombre de Israel riñeron en el campamento. Y el hijo de la mujer israelita blasfemó el Nombre, y maldijo; entonces lo llevaron a Mosheh. Y su madre se llamaba Shelomit, hija de Dibri, de la tribu de Dan. Y lo pusieron en la cárcel, hasta que les fuese declarado por palabra de HaShem. Y HaShem habló a Mosheh, diciendo: Saca al blasfemo fuera del campamento, y todos los que le oyeron pongan sus manos sobre la cabeza de él, y apedréelo toda la congregación. Y a los hijos de Israel hablarás, diciendo: Cualquiera que maldijere a su Elokim, llevará su iniquidad. Y el que blasfemare el nombre de HaShem, ha de ser muerto; toda la congregación lo apedreará; así el extranjero como el natural, si blasfemare el Nombre, que muera.

Antes de entrar en materia, me voy a servir de este pasaje para compartirles de una denominación que se le da al Eterno, y me refiero a HaShem, como muchos de ustedes sabrán, es una forma que el judaísmo usa para referirse al Eterno, ¿qué significa?, para entenderlo debemos descomponerlo en las dos palabras que contiene, es decir: Ha que es el artículo “El” y Shem, que se podría traducir como: “Nombre”.
No obstante, Shem del hebreo denota mucho más allá que el nombre, ya que la palabra en sí misma nos habla de todo lo que una persona es, y que desde luego cada uno de nosotros no somos nada más nuestro nombre, al pensar en el nombre de una persona, es invariable que traerás a la mente muchas de sus características personales, de ahí que Shem estaría representando todas y cada una de las características que denotan a una persona incluyendo su fama.
Ahora bien, debemos entender que el Eterno tiene un nombre propio (Yod y Hei y Vav y Hei), no obstante, existen en las Kitvei HaKódesh -Sagradas Escrituras- muchas formas de referirse al Eterno.

Por cierto, les comento que existe una serie de conferencia que he dictado, cuyo título es: “Los nombres del Eterno”, y en ellos describo que para denotar a una persona, pueden existir muchas formas de referirse a ella, si nos imaginamos a un mujer, su marido le pudiera decir: amor, flaquita o gordita, chaparrita, morenita, güerita, etc., etc. En el caso de sus hijos: mamá, má, madre, etc. En el trabajo se refieren a ella como señora, o le dicen su título profesional, en fin, en cada aspecto de su desempeño de vida existen varias formas que la describen, en algunos casos tiene que ver con su aspecto, en otros con su atributos, y en otros dependiendo el ámbito en el que esté involucrada , y lo que existe tras todas las denominaciones, características o atributos de alguien bien pueden representar su nombre, de ahí que al Eterno, al igual que a una persona, dependiendo su intervención, actividad, manifestación, etc., se le puede llamar de diversas formas, y por no ahondar más, bastaría saber que la forma correcta de relacionarnos con Él dependería de lo anterior, por eso, existen ocasiones en las que al manifestar Él, Su señorío sobre ti, bien le podrías decir: Adon-i, y si tal vez está manifestando su poderío y autoridad sería Elokim, y así podría poner varios ejemplos, pero cuando nos referimos al Eterno como HaShem, estamos denotando en una palabra todo lo que Él es, dado que todas las formas en la que le podamos denominar están incluidas en ese nombre.

HaShem, por lo tanto resulta un perfecto comodín por así decirlo en caso de que no sepamos dependiendo la situación, cual sería la forma correcta de llamarlo. Hay gente que en su ignorancia, comentan lo que oyen de otros, y se atreven a decir que HaShem no es escritural, esto no es verdad, por lo que para comprobarlo te invito a que vuelvas a leer el pasuk 11 de Vaikra 24 junto a su transliteración con el objeto de que constates mis dichos:
Vaikra 24:11 Y el hijo de la mujer israelita blasfemó el Nombre, y maldijo; entonces lo llevaron a Mosheh. Y su madre se llamaba Selomit, hija de Dibri, de la tribu de Dan. / Vayikov ben-ha’ishah ha’Isre’elit et HaShem vayekalel vayavi’u oto el-Mosheh veshem imo Shlomit bat-Divri lemateh-Dan.

¿Te diste cuenta cómo HaShem sí aparece? Por favor, no aceptes todo lo que te digan, ¡constátalo!
Ahora, comencemos con el tema, si seguimos leyendo el pasaje anterior llegaremos al siguiente pasuk:
Vaikra 24:23 Y habló Mosheh a los hijos de Israel, y ellos sacaron del campamento al blasfemo y lo apedrearon. Y los hijos de Israel hicieron según HaShem había mandado a Mosheh.

La problemática que se presenta en este pasaje como lo has leído, tiene que ver con un hombre que blasfemó y maldijo a HaShem, su castigo fue morir lapidado, es decir apedreado por el pueblo, situación que previamente hemos leído. El morir apedreado HaShem lo mandó pudiendo darse por varias causas, como por ejemplo: si alguien ofrecía sus hijos a Molek –Molok- (Levítico 20:2); si un hombre o mujer evocaren espíritus de muertos o adivinación (Levítico 20:27); en caso de que un hijo fuera desobediente a los padres (Deuteronomio 21:21); etc. etc. Como lo hemos leído la blasfemia y la maldición al Eterno, también se pagaba con lapidación. Con lo anterior en mente, volvamos a leer las dos causas que llevaron al hijo de la israelita a morir lapidado:
Vaikra 24:11 Y el hijo de la mujer israelita blasfemó el Nombre, y maldijo; entonces lo llevaron a Mosheh. Y su madre se llamaba Selomit, hija de Dibri, de la tribu de Dan.

El pasuk -verso- que hemos leído dice que el varón blasfemó y maldijo, encerraron al blasfemo hasta que a Moshéh el Eterno le manifestó lo que debía hacer, lo correcto sería lapidarlo. Ahora bien, primero abordaré el tema de la maldición que hizo, y finalizaré con la blasfemia.

La Maldición de Tipo Kalal

En el pasaje que hemos leído, la palabra que aparece en hebreo para maldición es el verbo: Kalal, destaquemos que el estudiarla no es un asunto sencillo, pues existen varios vocablos hebreos que pueden ser traducidos al español como: maldición (alah, arar, meérah, nakab, kabab), lo que denota que existen diversos tipos de maldiciones; ahora, no voy a profundizar en esto en este estudio, por lo que me concretaré sólo ha compartirle un poco al respecto de: Kalal, y para ello, comencemos en el libro de Bereshit -Génesis-, ¿recuerdas cuándo el Eterno prometió destruir la tierra a causa de la maldad de los hombres?:
Bereshit 8:21 Y percibió HaShem olor grato; y dijo HaShem en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud; ni volveré más a destruir todo ser viviente, como he hecho.

¿Qué tipo de maldición fue?, fue justamente kalal, y para entender recordemos que salió de la boca del Eterno un veredicto o juicio en contra de los habitantes de la tierra, 1) el dicho, veredicto o juicio, es el primer elemento del kalal, 2) debe ser dirigida a un(as) persona(s) u objeto(s), 3) debe encontrar elementos de justicia para imputar dicha kalal, 4) se puede cumplir o no dependiendo del punto 3.
El ejemplo que hemos leído recordemos que originó el mabul -diluvio-; sin embargo y a pesar de que era dirigida a toda la humanidad, hubo una persona junto a su familia que al encontrarse haciendo justicia, dicha kalal no tuvo efecto para ellos. Veamos otro ejemplo, leamos el libro de Shmuel -Samuel-:
2 Samuel 16:5 Y vino el rey David hasta Bahurim; y he aquí salía uno de la familia de la casa de Saúl, el cual se llamaba Simei hijo de Gera; y salía maldiciendo.

David estaba siendo maldecido, ¿cómo?, leámoslo:
2 Samuel 16:7-8 Y decía Simei, maldiciéndole: ¡Fuera, fuera, hombre sanguinario y perverso! HaShem te ha dado el pago de toda la sangre de la casa de Saúl, en lugar del cual tú has reinado, y HaShem ha entregado el reino en mano de tu hijo Absalón; y hete aquí sorprendido en tu maldad, porque eres hombre sanguinario.

La maldición que estaba emitiendo Shimí ben Guera, estaría sujeta a cumplirse en la medida que el Eterno lo permitiera, ¿cómo el Eterno puede otorgar su permiso para que tal cosa acontezca?, depende de algún acto de injusticia que haga el maldecido y que tenga relación con la maldición recibida, entonces sí le acaecería. El caso de Bil’am -Balam- cuando intentó maldecir a Israel es un ejemplo de esto:
Deuteronomio 23:4 por cuanto no os salieron a recibir con pan y agua al camino, cuando salisteis de Egipto, y porque alquilaron contra ti a Balaam hijo de Beor, de Petor en Mesopotamia, para maldecirte.

La maldición de Bil’am nunca tuvo efecto, porque Israel en ese momento estaba manteniéndose íntegro para con el Eterno, veámoslo de esta forma: la persona que va a maldecir, aún que no lo sepa, le llegará a los oídos del Eterno su maldición, y Él como juez justo permitirá que acontezca o no, pero si el maldecido se encuentra que es hallado culpable por un acto injusto que él cometió, entonces la maldición le llegará, ¿qué pasa si no hace lo indebido?, tal cual le sucedió a Israel con Bil’am, no le pasará nada (aunque sabemos que HaShem ni siquiera permitió que la maldición saliera de la boca de Bil’am).

Del verbo Kalal, se desprende el sustantivo que es Kelalá, existe un pasuk que lo contiene y que ilustra perfectamente lo que escribo:
Proverbios 26:2 Como el gorrión en su vagar, y como la golondrina en su vuelo, así la maldición nunca vendrá sin causa.

Entonces una persona podrá ser maldecida, pero nunca le acontecerá tal cosa si se mantiene haciendo lo correcto para con HaShem.
Con este tipo de maldición, kalal, nos damos cuenta una vez más el poder de nuestra boca, y si de algo nos debemos cuidar, porque así el Eterno nos enseña, es de maldecir a cualquier autoridad por Él puesta:
Éxodo 22:28 No injuriarás a los jueces, ni maldecirás al príncipe de tu pueblo.

Dentro de las autoridades puestas por el Eterno, desde luego se incluyen a los padres:
Levítico 20:9 Todo hombre que maldijere a su padre o a su madre, de cierto morirá; a su padre o a su madre maldijo; su sangre será sobre él.

¿Por qué el Eterno advertirá al respecto de los padres?
No me cabe duda que la kalal a los padres es más frecuente de lo que nos imaginamos, por lo que personalmente he podido constatar que los hijos que maldicen y critican a los padres, tarde que temprano les acaecerá lo mismo:
Proverbios 20:20 Al que maldice a su padre o a su madre, se le apagará su lámpara en oscuridad tenebrosa.

Veamos más al respecto del maldecir a las autoridades:
Eclesiastés 10:20 Ni aun en tu pensamiento digas mal del rey, ni en lo secreto de tu cámara digas mal del rico; porque las aves del cielo llevarán la voz, y las que tienen alas harán saber la palabra.

El rey es una autoridad, pero es interesante que aquí aparezca el rico ¿verdad?, esto debería llevar a una reflexión, ya que si hay una persona que pudiera ser sujeta a maldiciones, es el rico, ¿la razón?: la envidia que despierta, por eso, aprendamos a sujetar nuestra lengua y desde luego a instruir a nuestros hijos en ello.
Ahora, no pensemos que la maldición necesariamente no se debe usar, sino que ejemplo tenemos en las Kitvei HaKódesh -Sagradas Escrituras- de que en casos excepcionales era usada, veamos el caso de Elisha’ -Eliseo- quien fue ofendido por un grupo de jóvenes:
2 Reyes 2:23-24 Después subió de allí a Bet-el; y subiendo por el camino, salieron unos muchachos de la ciudad, y se burlaban de él, diciendo: ¡Calvo, sube! ¡Calvo, sube! Y mirando él atrás, los vio, y los maldijo en el nombre de HaShem. Y salieron dos osos del monte, y despedazaron de ellos a cuarenta y dos muchachos.

¿Puede tener una consecuencia la kalal –maldición-? ¡Por supuesto!
¿Qué habrá pasado con el hijo de la israelita?
Existe un caso que nos da luz de otra forma de usar la kalal además de la lengua, y me refiero a profanar el nombre del Eterno, no nada mas hablando mal de Él, sino que a través de nuestros actos, desacatando abiertamente Su voluntad; para entenderlo un poco mejor, leamos la historia de los hijos de Elí, quien fue un Kohen -Sacerdote- cuando al corresponderle ministrar a HaShem, sus hijos también lo harían por pertenecer a la tribu de Levy conforme al linaje de Aharón:
1 Shmuel 2:12-17 Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de HaShem. Y era costumbre de los sacerdotes con el pueblo, que cuando alguno ofrecía sacrificio, venía el criado del sacerdote mientras se cocía la carne, trayendo en su mano un garfio de tres dientes, y lo metía en el perol, en la olla, en el caldero o en la marmita; y todo lo que sacaba el garfio, el sacerdote lo tomaba para sí. De esta manera hacían con todo israelita que venía a Silo. Asimismo, antes de quemar la grosura, venía el criado del sacerdote, y decía al que sacrificaba: Da carne que asar para el sacerdote; porque no tomará de ti carne cocida, sino cruda. Y si el hombre le respondía: Quemen la grosura primero, y después toma tanto como quieras; él respondía: No, sino dámela ahora mismo; de otra manera yo la tomaré por la fuerza. Era, pues, muy grande delante de HaShem el pecado de los jóvenes; porque los hombres menospreciaban las ofrendas de HaShem.

Los hijos de Elí arteramente transgredieron la voluntad de HaShem, y públicamente menospreciaban las cosas sagradas de HaShem, ¿cómo se le llamó a eso?, maldición o kalal, y no necesariamente lo hacían con su boca, sino que eran sus actos lo que demostraban semejante trasgresión, como lo voy a demostrar a continuación:
1 Samuel 3:13 Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Elokim, y él no los ha estorbado.

Las palabras del pasuk anterior, son dichas por el Eterno a Shmuel, a quien le notifica que lo que hicieron los hijos de Elí, fue maldecirlo, y tristemente Elí como padre, no los corrigió, por ello a la postre, los tres fueron muertos.

La Blasfemia

La palabra blasfemia del pasaje que nos ocupa, en el hebreo es el verbo: Naqab, dicho verbo, no nada más se traduce al español como: blasfemia, sino también como: maldecir, y dentro de su significado implica el horadar, o hacer un hoyo, que por cierto en algunos pasukim así se traduce, lo que nos habla que la palabra Naqab implica el socavar la imagen de una persona, y es semejante al vocablo que en griego se usa para blasfemia, y que curiosamente se derivó para su uso en español, me refiero al verbo: Blasfemia y cuyo adjetivo es: Blasfemos, etimológicamente, proceden de dos vocablos, uno es: blapto, que significa: herir o dañar, y el otro es: Feme, que sería la: fama o el prestigio de una persona, entonces, la blasfemia sería dañar la fama de alguien.
En el caso del hijo de la Israelita murió lapidado porque blasfemó a HaShem, y es un caso que mucho tiene que ver con nuestro Mashíaj, ¿por qué?, porque el pretexto que usaron para asesinarlo fue precisamente la blasfemia:
Mateo 26:57-68 Los que prendieron a Yehoshua’ le llevaron al sumo sacerdote Caifás, adonde estaban reunidos los escribas y los ancianos. Mas Pedro le seguía de lejos hasta el patio del sumo sacerdote; y entrando, se sentó con los alguaciles, para ver el fin. Y los principales sacerdotes y los ancianos y todo el concilio, buscaban falso testimonio contra Yehoshua’, para entregarle a la muerte, y no lo hallaron, aunque muchos testigos falsos se presentaban. Pero al fin vinieron dos testigos falsos, que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Elokim, y en tres días reedificarlo. Y levantándose el sumo sacerdote, le dijo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti? Mas Yehoshua’ callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Elokim viviente, que nos digas si eres tú el Mashíaj, el Hijo de Elokim. Yehoshua’ le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Elokim, y viniendo en las nubes del cielo. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora mismo habéis oído su blasfemia. ¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: ¡Es reo de muerte! Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de puñetazos, y otros le abofeteaban, 68 diciendo: Profetízanos, Mashíaj, quién es el que te golpeó.

Yehoshua’ fue sentenciado a muerte por el Sanhedrín por blasfemo, ¿por qué entonces no lo lapidaron?
Buena pregunta (desde luego desde la óptica del Sanhedrín), sin embargo, ejemplo tenemos en el Brit Jadashah que no fue el único acusado de semejante pecado, pero sí el único que debiendo haber sido apedreado, murió en el madero, veamos la causa por la que Esteban murió:
Hechos 6:8-15 Y Esteban, lleno de gracia y de poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo. Entonces se levantaron unos de la sinagoga llamada de los libertos, y de los de Cirene, de Alejandría, de Cilicia y de Asia, disputando con Esteban. Pero no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba. Entonces sobornaron a unos para que dijesen que le habían oído hablar palabras blasfemas contra Mosheh y contra Elokim. Y soliviantaron al pueblo, a los ancianos y a los escribas; y arremetiendo, le arrebataron, y le trajeron al concilio. Y pusieron testigos falsos que decían: Este hombre no cesa de hablar palabras blasfemas contra este lugar santo y contra la ley; pues le hemos oído decir que ese Yehoshua’ de Nazaret destruirá este lugar, y cambiará las costumbres que nos dio Mosheh. Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, al fijar los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel.

La Maldición y Yehudah

En este tiempo que tan de moda está el denominado evangelio de Judas, tomé el tiempo para leer los reportajes del National Geographic, y no dejo de pensar en dicho evangelio cuyo origen es semejante al evangelio de Tomás (el cual también he leído) que es de la secta de los gnósticos, y para no tomar mucho espacio solo quiero puntualizar lo siguiente:
El grupo gnóstico contemporáneo a los talmidim -estudiantes- de Yehoshua’, se denominaron así a partir de la palabra griega gnosis, que significa: “conocimiento”, por lo que a sí mismo se consideraban personas más intelectuales que los demás y contra los que Rabí Shaúl –conocido como Pablo- batalló.
En el evangelio de Tomás existe una característica de los gnósticos, el ensalzar a la mente, de ahí que retratan a un Tomás, como un hombre con un intelecto por encima de los demás apóstoles, y por lo tanto, con mayor reticencia a los milagros, obviamente por lo mismo, “intelectualmente era difícil de aceptarlos”
Yehoshua’ HaMashíaj le llamó a Tomás incrédulo, del griego: “apistos”.
¿Quién es un incrédulo? Aquel que habiendo conocido la verdad del Eterno en cualquiera de sus áreas, no lo cree y por lo tanto es un pecador, sin embargo para los gnósticos lejos de ser un pecado era una virtud, tergiversando la verdad con mentira.

Entendiendo lo anterior, reconozcamos que el evangelio de Judas, igualmente cambia la verdad por la mentira, pero usa parcialmente la verdad para su propósito. ¿Cómo?
Dicen que Judas cumpliría con una tarea excelsa para los propósitos del Eterno, situación que es verdad, ya que él sería destinado para tal fin, y por lo tanto sería útil al Eterno:
Yojanán 17:12 Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese.

Por lo que el supuesto evangelio de Judas, no saca a la luz novedad alguna en cuanto al servició que involuntariamente le prestaría a HaShem.
En el supuesto evangelio de Judas, se comenta que Judas es el único que sabría lo que le acontecería a Mashíaj, mentira que contradicen los verdaderos evangelios:
Matityahu 16:21-22 Desde entonces comenzó Yehoshua’ a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. Entonces Kefa, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca.

Los manuscritos gnósticos no tienen un sustento histórico de que hayan sido contemporáneos a las más de 50,000 copias que soportan a los cuatro evangelios.

Conclusión

¿Por qué hablo de Yehudah en la conclusión?
Porque de alguna manera el representa a un varón que atrajo la maldición para sí, y las Escrituras nos pueden hablar mejor aún de ello, recordemos lo que sucedió al respecto de su sustitución:
Guevurot 1:15-20 En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos (y los reunidos eran como ciento veinte en número), y dijo: Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Yehudah, que fue guía de los que prendieron a Yehoshua’, y era contado con nosotros, y tenía parte en este ministerio. Este, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron. Y fue notorio a todos los habitantes de Jerusalén, de tal manera que aquel campo se llama en su propia lengua, Acéldama, que quiere decir, Campo de sangre. Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su habitación, y no haya quien more en ella; y: Tome otro su oficio.

La frase de: “tome otro su oficio” es un extracto del libro de Tehilim en el pereq 109, y resulta verdaderamente interesante encontrarnos con lo siguientes versículos:
Salmos 109:17-18 Amó la maldición, y ésta le sobrevino; Y no quiso la bendición, y ella se alejó de él. Se vistió de maldición como de su vestido, Y entró como agua en sus entrañas, Y como aceite en sus huesos.

La maldición, la blasfemia, que se reduce a hablar mal de otros y emitir juicios, debemos considerarlas como un lastre para nuestras vidas.
¿Por qué dice que Yehudah amó la maldición? Porque de continuo la externaba, así que amado(a) del Eterno, cuidemos nuestra boca y que nunca seamos nosotros los que nos distingamos de maldecir y blasfemar a otros.

¡Shabat shalom!

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Sobre Rabino Mijael Avila

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