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Perashah Toldot: Las dos recompensas de Ia’akov abinu parte 02

Escrito por:
Mijael Cruz
mijael.cruz@bethaderej.com

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Introducción:

Como recordarán en la conferencia pasada vimos un poco de la vida de Ia’akob abinu, quien en su nacimiento nos daba el ejemplo de su esfuerzo, perseverancia, astucia y recompensa que obtuvo con ello.

Su esfuerzo en un principio fue físico, al luchar con su hermano de una manera sorprendente. E intelectual, pues al no poder obtenerlo usando la fuerza, tiene que cambiar de estrategia. En ese cambio de estrategia encontramos la perseverancia, ya que no fueron pocos los años que transcurrieron entre el nacimiento y el episodio de las venta de la primogenitura.
Su astucia se ve cuando supo aprovechar el momento oportuno; y después de haber trabajado por ello, obtuvo su recompensa.

La enseñanza que encontrábamos en esto, era el esforzarnos y trabajar en aquello que anhelamos obtener, tal como nuestro patriarca lo hizo, es decir, estar dispuestos a pagar el precio que ello requiera.

Algo que Rab Ávila nos ayudó a clarificar, es el tener bien definidos nuestros objetivos, recordando la frase que reza: “Aquel que no sabe a dónde ir, ciertamente ya llegó”.

Nuestro patriarca lo ejemplificó, haciéndolo no una sino en diferentes ocasiones. Y rápidamente podemos mencionar tres:

1.- Como ya citamos, la primogenitura.
2.- Trabajar por la mano de su esposa
3.- La lucha que tuvo con el varón

En estos episodios, Ia’akob abinu tenía claros sus objetivos, trabajó y lucho para alcanzarlos.

Tema:

Para este estudio, consideraremos algunos sucesos ocurridos es el segundo ejemplo que citamos. Cuando nuestro tercer patriarca se dirige a la tierra de su madre, en busca de esposa. Con ello conoceremos cuál es la segunda “recompensa” que él obtuvo.
Cabe mencionar que esta conferencia se deriva de un estudio de Rab titulado “No robar, ni mentir, ni engañar al prójimo”.

Para comenzar, retrocedamos un poco en la vida de Ia’acob:

Bereshit [Gn] 27:1-4 Aconteció que cuando Itzjak había envejecido, sus ojos se debilitaron, y no podía ver. Entonces llamó a ‘Esav, su hijo mayor, y le dijo: —Hijo mío. El respondió: —Heme aquí.
Le dijo: —He aquí, yo ya soy viejo y no sé el día de mi muerte.
Toma, pues, ahora tu equipo, tu aljaba y tu arco, y ve al campo a cazar algo para mí.
Luego hazme un potaje como a mí me gusta. Tráemelo para que coma, y yo te bendiga antes que muera.

Estaban prontos los días de que Itzjak abinu se reuniera con su padres y antes de partir, se dispuso a bendecir a su primogénito como era costumbre, dándole instrucciones precisas para que esto se llevara a cabo. [Algo que me llama la atención es el hecho de que nuestro patriarca le haya pedido a su hijo el prepararle comida a su gusto antes de bendecirlo. Sería interesante saber la relación entre estas dos cosas].

En este evento de la bendición, influía un factor muy importante, el amor de los padres.

Bereshit [Gn] 25:28 Y amó Itzjak a ‘Esav, porque comía de su caza; pero Ribkah amaba a Ia’akob.

Si bien no es nuestro tema de estudio, cabe mencionar que no es muy sano imitar lo que nuestros patriarcas hicieron con sus hijos, es decir, un claro favoritismo hacia cada uno de ellos. Pues esto fue algo que influyó en el desenlace de este evento. Leamos:

Bereshit [Gn] 27:5-17 Y Ribkah estaba oyendo, cuando hablaba Itzjak a ‘Esav su hijo; y se fue ‘Esav al campo para cazar lo que había de traer.
Entonces Ribkah habló a Ia’akob su hijo, diciendo: He aquí yo he oído a tu padre que hablaba con ‘Esav tu hermano, diciendo:
Tráeme caza y hazme un guisado, para que coma, y te bendiga delante de HaShem antes que yo muera.
Ahora, pues, hijo mío, obedece a mi voz en lo que te mando.
Ve ahora al rebaño, y tráeme de allí dos buenos cabritos de las cabras, y haré de ellos un guisado para tu padre, como a él le gusta;
Y tú lo llevarás a tu padre, y comerá, para que te bendiga antes de su muerte.
Y Ia’akob dijo a Ribkah su madre: He aquí ‘Esav mi hermano es hombre velloso, y yo lampiño.
Quizá me palpará mi padre, y me tendrá por engañador, y traeré sobre mí maldición y no bendición.
Y su madre respondió: Hijo mío, sea sobre mí tu maldición; solamente obedece a mi voz, y ve y tráemelos.
Entonces él fue, y tomó, y los trajo a su madre; y su madre hizo un guisado, como le gustaba a su padre.
Y tomó Ribkah la ropa preciosa de ‘Esav, su hijo mayor, que ella tenía en casa, y vistió a Ia’akob su hijo menor:
Y le hizo vestir sobre sus manos y sobre la cerviz donde no tenía vello, las pieles de los cabritos de las cabras;
Y entregó el guisado y el pan que había aderezado, en mano de Ia’akob su hijo.

El amor que Ribkah tenía hacia su hijo Ia’akov, por ser su “favorito”, marcó el camino que nuestro patriarca seguiría para obtener esa bendición.

Bereshit [Gn] 27:18-27 Y él fue a su padre, y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, ¿quién eres, hijo mío?
Y Ia’akob dijo a su padre: Yo soy ‘Esav tu primogénito; he hecho como me dijiste: levántate ahora, y siéntate, y come de mi caza, para que me bendiga tu alma.
Entonces Itzjak dijo a su hijo: ¿Cómo es que la hallaste tan pronto, hijo mío? Y él respondió: Porque HaShem tu Elokim hizo que se encontrase delante de mí.
E Itzjak dijo a Ia’akob: Acércate ahora, y te palparé, hijo mío, por si eres mi hijo ‘Esav o no.
Y se acercó Ia’akob a su padre Itzjak; y él le palpó, y dijo: La voz es la voz de Ia’akob, más las manos, son las manos de ‘Esav.
Y no le conoció, porque sus manos eran vellosas como las manos de ‘Esav; y le bendijo.
Y dijo: ¿Eres tú mi hijo ‘Esav? Y él respondió: Yo soy.
Y dijo: Acércamela, y comeré de la caza de mi hijo, para que te bendiga mi alma; y él se la acercó, y comió; le trajo también vino, y bebió.
Y le dijo Itzjak su padre: Acércate ahora, y bésame, hijo mío.
Y él se acercó, y le besó; y olió Itzjak el olor de sus vestiduras, y le bendijo, y dijo: Mira, el olor de mi hijo como el olor del campo que HaShem ha bendecido:

A todo esto viene la pregunta, ¿lo que hizo nuestro padre fue correcto?
Esta interrogante me trajo a memoria el concepto que tiene el judaísmo tradicional acerca de nuestros patriarcas, al mostrarlos como unos varones perfectos y sin falta. Sin embargo, a partir de este episodio, analizando un poco la vida de nuestro patriarca, nos damos cuenta de su condición humana, lo cual no demerita la gran trascendencia que tuvo este varón; pero si nos deja una enseñanza.

Al momento en que Ia’acob se presenta con su padre, pretendiendo ser ‘Esav, tuvo la oportunidad no una, sino varias oportunidades para admitir que no era su hermano [al menos yo alcanzo a contar cuatro].

Si bien ya vimos que no fue correcto que nuestro patriarca hiciera esto, la siguiente pregunta es, ¿tenía la necesidad de? Mi opinión es No. Pues está escrito:

Bereshit [Gn] 25:22-23 Como los hijos se empujaban dentro de ella, dijo: —Si es así, ¿para qué he de vivir? Ella fue a consultar a HaShem,
Y HaShem le dijo: —Dos naciones hay en tu vientre, y dos pueblos que estarán separados desde tus entrañas. Un pueblo será más fuerte que el otro, y el mayor servirá al menor.

HaShem ya había determinado que el hijo menor sería el “escogido”, por decirlo de alguna manera; entonces qué necesidad había de recurrir a ello. Adicionalmente Ia’akob había conseguido de una manera justa la primogenitura, por lo que tenía el derecho de recibir esa bendición. Podemos decir acaso que al igual que nuestros patriarcas Abraham y Sarah, ¿ellos también quisieron ayudarle a HaShem?

Sea cual fuere el móvil, Ia’akob abinu se deja influenciar por su madre para engañar a su padre, si bien en su momento le preocupó el hecho de ser descubierto y recibir una maldición, encontró refugio en su madre quien le brindó su protección.

Al final de este episodio, nuestro patriarca tiene que dejar la casa de su padres, para ir en busca de su esposa; más el motivo principal era escapar de su hermano quien procuraba matarlo. Y nuevamente es su madre quien incide en sus acciones, ya que Ribkah insta a su esposo, para que este le dé la indicación de ir donde Laban, en busca de pareja.

Ia’acob abinu bien pudo salir de su parentela por decisión propia y sin ninguna preocupación, sin embargo el hecho de no haber actuado de la manera más correcta, lo orilló a huir para no enfrentar a su hermano.

En este punto entramos a lo que nos ocupa, pues Ia’acob, una vez estando en la tierra de su madre, obtiene el fruto de lo que sembró.

Bereshit [Gn] 29:16-26 Y Labán tenía dos hijas: el nombre de la mayor era Leah, y el nombre de la menor, Rajel.
Y los ojos de Leah eran tiernos, pero Rajel era de lindo semblante y de hermoso parecer.
Y Ia’akob amó a Rajel, y dijo: Yo te serviré siete años por Rajel tu hija menor.
Y Labán respondió: Mejor es que te la dé a ti, y no que la dé a otro hombre; quédate conmigo.
Así sirvió Ia’akob por Rajel siete años; y le parecieron como pocos días porque la amaba.
Y dijo Ia’akob a Labán: Dame mi esposa, porque mi tiempo es cumplido para que cohabite con ella.
Entonces Labán juntó a todos los varones de aquel lugar, e hizo banquete.
Y sucedió que a la noche tomó a Leah su hija, y se la trajo: y él entró a ella.
Y dio Labán su sierva Zilpa a su hija Leah por criada.
Y venida la mañana, he aquí que era Leah: y él dijo a Labán: ¿Qué es esto que me has hecho? ¿No te he servido por Rajel? ¿Por qué, pues, me has engañado?
Y Labán respondió: No se hace así en nuestro lugar, que se dé la menor antes de la mayor.

A partir de aquí, nuestro padre comienza a vivir una serie de eventos desfavorables en su vida, con los cuales podemos corroborar la justicia. Pues tal como él engañó, así lo engañan a él; no una sino en diversas ocasiones.

Bereshit [Gn] 31:4-7 Ia’akob mandó llamar a Rajel y a Leah al campo donde estaban sus ovejas,
Y les dijo: —Veo que la mirada de vuestro padre ya no es para conmigo como era antes. Pero el Elokim de mi padre ha estado conmigo.
Ustedes saben que he trabajado para su padre con todas mis fuerzas,
Y que su padre me ha engañado y que ha cambiado mi salario diez veces. Pero Elokim no le ha permitido que me hiciera daño.

Conclusión

Ahora pasemos esto a nuestra vida. Cuántas veces hemos hecho algo de una manera no correcta para alcanzar nuestros fines; y en ello también invertimos tiempo, esfuerzo y astucia.

Qué decir de aquella ocasión en nos “volamos” el semáforo en rojo para poder llegar antes a nuestro destino; y si es que llegásemos a ser sorprendidos, tan solo tenemos que recurrir a la famosa “mordida” para salir de ello. O qué sucede cuando en el trabajo o escuela, tenemos que entregar ese pendiente, y al no cumplir, mentimos o engañamos para librar la llamada de atención.

Debemos tener presente que, tal como en la vida de nuestro patriarca, somos conscientes de lo que estamos haciendo, y se nos hace fácil silenciar a esa vocecita que trata de corregirnos.
Lo que no debemos olvidar, es que la justicia se hará presente en algún momento. Pues cada una de nuestras acciones, conlleva una consecuencia. Sea grata o no.

Shabat shalom!

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Sobre Sharet Mijael

Mijael es editor de contenido para la página de Bet Haderej [mijael.cruz@bethaderej.com]
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